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Renato Cisneros
Periodista, poeta y novelista

Que sabe nadie

Publicado el 16 de marzo del 2020

Renato Cisneros
Periodista, poeta y novelista

Que sabe nadie

Publicado el 16 de marzo del 2020

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Del mismo modo en que el triunfo presidencial de Donald Trump en 2016 hizo que en Estados Unidos se dispararan las ventas de «1984», el clásico de George Orwell sobre el control de la información bajo un régimen autoritario, en estas últimas semanas la pandemia del Coronavirus ha convertido a «La Peste», de Albert Camus, en fenómeno editorial, sobre todo en Francia y Alemania. 

El fenómeno quizá se explique por lo esperanzadora que, pese a todo, resulta la novela de Camus, inspirada en la epidemia de cólera sufrida por la colonia francesa de Orán en 1849. La historia, protagonizada por el valiente doctor Bernard Rieux, está plagada de escenas dramáticas donde abundan ratas muertas, enfermos, cuarentenas y psicosis, pero al final el lector se queda con varias reflexiones positivas acerca de lo importante que resulta la solidaridad para salvarse. No se salvan los individuos, sino las comunidades. 

A los seres humanos los escenarios catastróficos y apocalípticos nos asustan tanto como nos atraen. Despiertan en simultáneo nuestro morbo y el ancestral miedo a perecer. No queremos que se acabe el mundo, pero cuando un libro, serie o película tratan de eso, el consumo es inmediato y masivo. Tal vez por eso son tan leídos —y, sí, fascinantes— los capítulos del Antiguo Testamento donde aparecen referidas las primeras pestes y plagas, con terribles consecuencias para las poblaciones que las padecen. 

Durante mucho tiempo se pensó que el origen de las epidemias era ese, el malhumor divino. Fueron los griegos los primeros en debatir seriamente las razones de esos males súbitos. Hipócrates, por ejemplo, creía que eran una reacción natural a los cambios del clima, pero Aristóteles pensaba que eran resultado de ciertas alineaciones astronómicas. 

La literatura está llena de títulos  sobre este tópico, muchos de los cuales vienen siendo recomendados para estos días en que encerrarse resulta lo más recomendable. Desde el «Decamerón», de Giovani Boccaccio, escrito luego de la peste bubónica padecida por Florencia en 1348, hasta «La Peste Escarlata», de Jack London, pasando por «La Montaña Mágica», de Thomas Mann, o «Ensayo sobre la Ceguera», de José Saramago, donde los habitantes del mundo padecen una «ceguera blanca» y tratan por todos los medios de sobrevivir. 

Otros tres libros igualmente recomendables, donde las epidemias están acompañadas, como en estos días, de conductas marcadas por el pánico y una violencia a veces incontrolable, son «Némesis», de Philip Roth, donde una epidemia de polio ataca a los niños de Nueva Jersey; «El último hombre», de Mary Shelley, donde la autora imagina un escenario futurista (2073) en el que una extraña plaga avanza lentamente por el mundo; o «Distancia de rescate», de la argentina Samantha Schewblin, cuyo personaje central es el campo, un espacio lastrado por pesticidas que intoxican el ambiente, matan animales y generan abortos espontáneos. 

Para los devoradores de cómics, quizá la referencia obligatoria sea ese número de Astérix de 2017 titulado «Astérix en Italia», donde un personaje romano, con una máscara dorada, participa de la «Gran Carrera Transitálica». Para sorpresa de Astérix y Óbelix, también competidores, el hombre misterioso recibe la ovación del público y toma la delantera en la partida. ¿Su nombre? ¡Coronavirus! (encima lleva una máscara y es italiano). Solo al final del capítulo, después del triunfo de los galos, se descubre que quien está detrás del personaje cubierto es el mismísimo emperador Julio César. 

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