Fundación BBVA Perú
imagen

Renato Cisneros
Periodista, poeta y novelista

Que sabe nadie

Publicado el 26 de noviembre del 2018

Renato Cisneros
Periodista, poeta y novelista

Que sabe nadie

Publicado el 26 de noviembre del 2018

Comparte en:

Si algún escritor novato quiere aprender cómo darle relieve literario a una anécdota personal, debería leer «Lobos Solitarios y otros cuentos», una de las publicaciones más recientes de Fernando Ampuero, autor que ha tenido un prolífico 2018, pues además de presentar este libro editado por Peisa lanzó las primeras dos entregas de sus esperadas memorias con el sello de Tusquets, la estupenda «La Bruja de Lima» y la ya célebre «El Enano».

Como ocurre con ciertos solventes jugadores de fútbol —que ejecutan maniobras complicadas generando en los espectadores la falsa sensación de que, de estar en la cancha, no sería complicado para ellos emplear tales recursos—, Ampuero ha urdido aquí unos cuentos diáfanos que dan la apariencia de una naturalidad que solo se consigue con años de oficio. Un escritor, se sabe, debe trabajar mucho para que no parezca que ha trabajado mucho.

Ampuero ha urdido aquí unos cuentos diáfanos que dan la apariencia de una naturalidad que solo se consigue con años de oficio.

Los primeros cuatro cuentos de «Lobos…» dan la impresión de ser pasajes autobiográficos que, no obstante, llevan la impronta dramática o paródica a que aspira toda historia bien contada.

En ellos asistimos a una fiesta de disfraces en la Chosica de los años setenta, en una larga noche donde los contrastes sociales de la capital son hábilmente retratados.

También somos cómplices de los avatares de un narrador con vocación de gigoló que se enrolla y muda al Cusco con una chica rebelde pero terriblemente celosa, y acaba siendo desalojado por ella y pasando frío en la plaza de armas, donde encontrará, en las manos caritativas de una samaritana rubia, la justa compensación a su paciencia.

Vemos después a un fanático de los autos lujosos que rememora su niñez en una Miraflores que ya no existe, y que ahora viaja a diario al centro de Lima manejando un llamativo Mercedes color plata que lo lleva, por azares propios del destino (y de la vía Expresa), a sostener un altercado con un orate.

Convertido en personaje de un cuento aparece por ahí Julio Ramón Ribeyro, más flaco que nunca, avergonzado de su aspecto, rogándole a su amigo Ampuero que lo lleve a nadar a una piscina deshabitada. Su amigo lo lleva hasta Los Cóndores, donde ingresan a un club privado jactándose de una falsa membresía y acaban dando brazadas en una piscina limpia de bañistas.

Pero es el quinto, el que da título al libro, el gran mérito del conjunto. «Lobos solitarios» cuenta la historia de Edmundo y Xavier, dos jóvenes periodistas de la revista Caretas que aspiran, cada uno a su estilo, a convertirse en grandes escritores, pero que se ven tempranamente sorprendidos por la súbita pérdida de las esperanzas. Es un cuento que —en la línea de Los Últimos Días de la Prensa de Jaime Bayly, Tinta Roja de Alberto Fuguet o Contarlo Todo de Jeremías Gamboa— retrata con detalle y acierto la agitada vida de una redacción periodística, «jaula» donde comparecen los plumíferos más delirantes, pero también aborda la paradoja de aspirar a la eternidad y caer en el olvido. Es un cuento sobre persistir o acobardarse. Sobre existencias sensibles a las que el desinterés general arrastra hacia la muerte.

Este ha sido un gran año para Fernado Ampuero, pero sobre todo para sus lectores, quienes lo hemos visto retomar su mejor tono, ese donde palpita la calle, donde coinciden el humor con la finura, y donde las almas atormentadas de sus personajes hacen esfuerzos denodados por escapar a su destino. Inútilmente, además.

Comparte en:

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR