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Mariana de Althaus
Dramaturga

Publicado el 15 de noviembre del 2018

Mariana de Althaus
Dramaturga

Publicado el 15 de noviembre del 2018

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Todo ha empezado bien. En el avión que nos lleva a Arequipa está Gustavo Gorriti, que también es invitado del Hay Festival Arequipa 18, así que el avión no se va a caer. Mientras embarcamos, Jeremías y yo pensamos que deberíamos decirle al admirable periodista gracias por todo lo que ha hecho contra la corrupción de este país; pero no queremos invadirlo, debe estar harto de que lo feliciten. Arequipa nos recibe con un clima esplendoroso. Ya no hay nieve en la punta del Misti, pero eso deja de importarme cuando llegamos al hotel y en el recibidor nos volvemos a encontrar con Gorriti.

Nuevamente dudamos si decirle algo, y sólo consigo sonreírle tímidamente, tratando de enviarle un mensaje mental. Esa tarde Jeremías y yo nos reunimos con Renato Cisneros y Katia Adaui para coordinar la mesa que nos tiene algo nerviosos: el viernes cinco escritores de mi generación vamos a subirnos al escenario del gran Teatro Municipal para conversar con Mario Vargas Llosa, que por fin ha venido al Hay de su ciudad natal, luego de tres ediciones en las que el festival ha crecido sin él. La idea de la mesa es, pensamos, hacerle una especie de homenaje: cada uno de nosotros tiene un vínculo específico con el Nobel, algo que agradecerle. El viernes por la mañana nos juntamos los cinco, coordinamos lo que vamos a decir mientras hacemos bromas para aligerar la tensión. Camino al teatro vemos que la cola para entrar tiene varias cuadras. No van a un concierto de reggaeton, van a ver a un escritor. Cuando llegamos, me tomo un ansiolítico. Entramos al escenario y el público aplaude a Mario con una larga ovación. Durante la charla, cada uno cuenta cómo conoció al escritor y ante una pregunta de Renato, sobre cómo encara la muerte ahora que todos sus compañeros han muerto, Mario dice

 

“Mientras siga teniendo proyectos que me entusiasmen y siga trabajando en ellos, voy a seguir vivo, y la muerte entonces será solo un accidente.”

Termina la charla con el público aplaudiendo de pie; y yo, y agradecida y revitalizada, me voy a una aguerrida charla sobre feminismo y el #Metoo, en la que cuatro mujeres y un hombre nos hacen pensar en todo lo que falta, pero también todo lo que hemos conseguido en estos últimos años en la lucha por la igualdad. Esa noche Morgana Vargas Llosa inaugura una excelente exposición fotográfica producto de su recorrido por el Perú con su programa “La otra ruta”, otra de esas cosas que inyectan esperanza en este mundo. Al día siguiente tengo que volver a tomarme un ansiolítico: tengo una mesa con el dramaturgo suizo Lukas Barfuss, que por su humildad uno no imaginaría que es uno de los dramaturgos más importantes de Europa. Hablamos del machismo en el teatro, de las acusaciones de abuso que se están haciendo contra importantes directores, sobre cómo seguir representando la violencia y la oscuridad del ser humano en escena sin recurrir al maltrato de los actores. Al terminar la charla, Barfuss me agradece que hayamos hablado de ese tema tan difícil y urgente, y me firma su libro con gran afecto. Esa tarde vuelvo a ir a otra mesa sobre feminismo, esta vez con invitados europeos, personas que viven en un mundo en el que la igualdad de género es casi total. Hacia allá vamos, pienso, hacia arriba. No nos vamos a caer. Luego llega el plato de fondo del Hay: la mesa de Vargas Llosa con Salman Rushdie moderada por Leila Guerriero. Vargas Llosa y Rushdie, escritores en las antípodas, conversan sin egos, tendiendo puentes, celebrando el poder de la literatura. Casi siempre vivimos en la confrontación, preocupados por el rumbo del mundo. Pero en este Hay se abren rutas de comprensión y más que perder tiempo tirando piedras a los demás, provoca ponerse a trabajar. Y con ese estímulo, mientras todos los invitados del Festival se divierten o descansan, mis actores de “El Sistema Solar” ensayan hasta la medianoche para nuestra función del día siguiente. El domingo al mediodía presentamos la obra ante más de doscientas personas, que al final nos devuelven el aliento con un efusivo aplauso. Cuando nos toca regresar a Lima, en el aeropuerto volvemos a coincidir con Gorriti. Esta vez Jeremías se atreve a decirle que estamos muy agradecidos por todo lo que ha hecho. El periodista sonríe lleno de humildad, creo que quiere que se lo trague la tierra. Muchas gracias. El Hay Festival Arequipa 18 ha sido maravilloso. Van a haber muchos más. Mientras sigamos escribiendo, vamos a estar vivos. En nuestro vuelo de vuelta también está Gorriti. El avión no se va a caer.

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