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Mariana de Althaus
Dramaturga

Publicado el 27 de septiembre del 2018

Mariana de Althaus
Dramaturga

Publicado el 27 de septiembre del 2018

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El prestigiosísimo director de teatro Jan Fabre ha sido acusado de acoso y humillaciones por veinte de sus empleados. Como él, muchos hombres de gran status están siendo acusados de abuso en todo el mundo. El sistema ha normalizado, en todos los campos, metodologías abusivas para ejercer el poder. En algunos de esos campos estas metodologías han tenido más acogida, por su estructura extremadamente vertical, como el cine y el teatro. Es una lógica con la que se ha construido todo: todos conocemos por lo menos a uno (un profesor, un jefe, un cura) que maltrató o abusó amparado en su poder, y en su momento no condenamos su conducta de manera enfática ni lo denunciamos porque era parte de un sistema que lo aceptaba. Ahora todo es distinto. Muchos sienten que la horca se acerca a su casa. Gritan que esto es una cacería de brujas. Otros ven los poderes invertirse y se resisten.  Duele ver ídolos caer, duele ver algunos excesos, y nos preocupamos: ¿si la espada le cae a alguien que quiero, que posición debo tomar? ¿Si callo el maltrato de alguien hacia quien siento agradecimiento, no seré responsable del siguiente maltrato?

No estamos obligados a retirarles nuestro cariño y apoyo, pero defenderlos y negar las acusaciones es otra cosa. Como dijo Silverman, las personas deben ser responsables por sus actos sin importar quiénes son.

El año pasado, cinco mujeres denunciaron al cómico Louis CK de conductas sexuales que incluían episodios en los que él se masturbaba frente a ellas. Su amiga y también comediante Sarah Silverman declaró en su propio programa: “Yo podría enfrentar esto con historias conmovedoras sobre nuestra amistad y qué gran padre es, pero eso es totalmente irrelevante. Es terrible porque yo quiero a Louis,  pero Louis hizo esas cosas. ¿Se puede seguir queriendo a alguien que hizo cosas malas?” Claro que podemos. Las personas somos complejas, y un excelente padre o un director genial pueden ser también abusadores. Es nuestra responsabilidad exigir a esas personas queridas que enfrenten su responsabilidad, para evitar que estas cosas sigan ocurriendo. No estamos obligados a retirarles nuestro cariño y apoyo, pero defenderlos y negar las acusaciones es otra cosa. Como dijo Silverman, las personas deben ser responsables por sus actos sin importar quiénes son.

Quentin Tarantino era amigo de Harvey Weinstein, y aunque le costó, tuvo que condenar los actos del poderoso ex productor de cine e incluso reconoció su propia responsabilidad: “Sabía lo suficiente como para hacer más de lo que hice. Ojalá hubiera asumido la responsabilidad de lo que había oído”. Louis CK aceptó su responsabilidad, Dan Harmon y Morgan Freeman también: estamos todos en un proceso de relectura de las antiguas maneras, y algunos, los que no se atrincheran en el victimismo, obtienen una segunda oportunidad. Toda esta ola de denuncias es dolorosa, pero hay toneladas inconmensurables de dolor en la acumulación de maltratos y abusos que han sufrido miles de personas durante décadas de parte de muchos hombres poderosos y admirados. Podemos callar, pero debemos recordar que nuestro silencio pone en peligro a otros. No hay laureles ni cariño que merezcan que el abuso continúe.

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