Cada 1 de septiembre, el Perú celebra el Día del Árbol, una fecha que tradicionalmente nos invita a reflexionar sobre la importancia de los árboles en nuestras ciudades y la necesidad de reforestar. Sin embargo, en el contexto de la crisis climática actual, la conservación exige dar un paso más allá: proteger los bosques primarios y a sus ejemplares más antiguos, aquellos que ya están cumpliendo una función vital e insustituible para el planeta.
En el corazón de la selva peruana, en la cuenca del río Las Piedras (Madre de Dios), se alzan imponentes los «gigantes del bosque». Árboles emblemáticos como el Shihuahuaco (Dipteryx ferrea) no solo superan los 50 metros de altura, sino que llevan habitando la Amazonía desde hace más de 500 y hasta 1,000 años.
En este Día del Árbol, desde la Fundación BBVA reafirmamos nuestro compromiso con el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente a través de nuestra alianza estratégica con Arbio, impulsando acciones concretas para resguardar la vida silvestre y la biodiversidad de nuestra Amazonía.
Por qué salvar un árbol milenario equivale a salvar un ecosistema
A menudo escuchamos que plantar un árbol es sembrar futuro. Y es cierto. Pero conservar un árbol milenario en pie significa proteger el presente de manera inmediata.
Los grandes árboles de la Amazonía no son simplemente madera; son infraestructuras vivas y bombas de agua naturales de las cuales depende todo el clima global:
- Superconectores de biodiversidad: Un solo árbol de Shihuahuaco adulto sirve de nido para especies de aves como el águila harpía, refugio para guacamayos, vías de tránsito para monos y hogar de miles de especies de insectos y orquídeas.
- Bombas de agua y «Ríos Voladores»: Mediante la transpiración, un árbol centenario puede bombear a la atmósfera más de 1,000 litros de agua al día. Esta humedad genera nubes y corrientes de vapor (los llamados «ríos voladores») que viajan por el continente garantizando las lluvias de las que dependen la agricultura y el agua potable en toda la región.
- Wood Wide Web (Árboles Madre): Bajo tierra, los grandes árboles están conectados a una red de hongos micorrícicos que une al bosque entero. Un Árbol Madre actúa como un centro de distribución: canaliza nutrientes, azúcares y carbono hacia los más jóvenes. Salvar a un gigante es mantener activa la red de soporte de la que depende la siguiente generación de árboles.
- Guardianes del clima y el carbono: Debido a su gigantesco volumen de biomasa, un ejemplar maduro fija decenas de toneladas de carbono.
- Actores irremplazables a corto plazo: Un Shihuahuaco tarda 300 años en alcanzar un grosor significativo en el bosque natural (51 cm). Si se corta hoy, ninguna campaña de reforestación podrá reemplazar su función ecológica en las próximas tres o cuatro generaciones.
Acción directa en la amazonía
El compromiso ambiental cobra verdaderos frutos cuando se traduce en presencia y cuidado efectivo sobre el territorio. A través de la alianza que mantenemos con Arbio, la Fundación BBVA protege 64 hectáreas de bosque primario en el río Las Piedras —una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta pero también una de las más amenazadas por la tala ilegal— dentro de la concesión de 916.2 hectáreas gestionada por Arbio.
Un compromiso con el futuro de todos
En la Fundación BBVA entendemos que la conservación de la Amazonía no es un acto aislado, sino parte de una visión integral en la que la protección del capital natural y la seguridad hídrica son prioritarias para asegurar el bienestar de las futuras generaciones.
Este 1 de septiembre, al celebrar el Día del Árbol, les invitamos a mirar a la selva con una nueva perspectiva. Proteger la Amazonía no solo significa sembrar semillas para el mañana, sino defender el escudo vivo y las fuentes de agua que los gigantes milenarios han construido durante siglos.
Sigamos trabajando juntos por un futuro donde la naturaleza en pie sea el mayor activo de nuestro planeta.