Fundación BBVA Perú
Publicado el 19 de enero del 2026
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En el origen fue Jauja, la primera capital elegida por los españoles para ejercer su dominio. Fundada por Francisco Pizarro como ciudad de Santa Fe de Hatun Xauxa, el 25 de abril de 1534, el conquistador pronto reparó en la necesidad de erigir otra ciudad capital.

Pizarro se hallaba en Chincha cuando en agosto de aquel 1534 los rumores de una presunta sublevación indígena precipitaron su retorno a Jauja a través de la ruta de Lunahuaná. Aunque las noticias resultaron ser falsas, el suceso puso en evidencia algunas necesidades de la época.

Según María Rostworowkski, a Pizarro le preocupaba la distancia entre Jauja y el mar, que por entonces representaba toda posibilidad de transporte y comunicación entre los territorios conquistados. Otro detalle que atormentaba al capitán español era la posibilidad que la corona española se instalará en el litoral sus centros de vigilancia y justicia que pondrían en riesgo su concentración de riqueza y poder.

El lugar elegido

Rostworowski en su libro dedicado a doña Francisca, la hija del conquistador, afirma que los españoles consideraron fundar la nueva capital en el Valle de Sangalla, provincia de Huarochirí, en la parte alta del río Mala. Otra opción fue el valle de Lurín.

El 3 de enero de 1535, Pizarro designó a Ruiz Diaz, Juan Tello y Alonso Martín de don Benito para evaluar las posibilidades del valle, entonces señorío del curaca Taulichusco. Finalmente, este fue el territorio escogido para fundar ahí la segunda capital del incipiente dominio español.

En solemne ceremonia, el 18 de enero de 1535 se fundó la Ciudad de los Reyes en devoción a la fiesta de los Reyes Magos y que tomaría el nombre del dios hablador de la cultura ichma: Limaq.

El escudo

Lima no obtendría su escudo de armas hasta el 7 de diciembre de 1537, cuando el emperador Carlos V emitió la Real Cédula oficializando su condición de capital.

En su versión original el escudo presentaba una fruta de lima en su parte inferior, tal como se aprecia en la pileta de la Plaza de Armas de Lima, que data de 1650. Posteriormente se incluyó el uso del águila imperial bicéfala. Otras tempranas versiones incluyen las columnas de Hércules, tal como se aprecia en la Municipalidad de Lima y en la Casona de San Marcos, hoy convertida en Centro Cultural.

Lo que se mantiene incólume es la divisa en latín de la ciudad, “Hoc signum vere regum est”, que se traduce como “Este es el verdadero signo de los Reyes”; así como las iniciales de Carlos V, “Karolus” y de su madre Juana, “Ioana”. También se conservan las estrellas y las tres coronas custodiadas ahora por dos águilas, que algunos quieren ver como típicos y enlutados gallinazos limeños.

Pinturas de la fundación

De la Fundación de Lima se produjeron dos cuadros representativos. El más antiguo es de 1897, obra de José Effio y del cual se conserva una reproducción digital en la Biblioteca Nacional. Se aprecia a Pizarro en el medio de dos bandos, españoles e indígenas, colocando una placa en el suelo.

La obra más conocida corresponde a Francisco González Gamarra y fue realizada en 1944. Pizarro aparece con la espada en alto, y detrás suyo, se observa una placa en un madero. Este cuadro se conserva en la Municipalidad de Lima.

Versos a la ciudad

En la literatura son incontables las piezas compuestas en honor y memoria de la capital peruana, siendo las más famosas aquellas que destacan su tradición y señorío. Ricardo Palma ha sido quien, en sus Tradiciones Peruanas, quien mejor ha ensalzado las características de sus personajes e historias.

Lima también ha tenido sus detractores. La descripción que, por ejemplo, ofrece Herman Melville en Moby Dick (1851), resulta devastadora: “Antigua como Pizarro, es blancura, conserva sus ruinas para siempre nuevas, no deja de aparecer el alegre verdor de la decadencia completa”.

 Y lejos de todos los extremos aparecen voces como las de César Vallejo, que en su poema “Lluvia” (Los Heraldos Negros, 1918) canta a la dulce melancolía del amor, que también es parte de esta ciudad, conquistada hoy por los migrantes provincianos de los que el poeta fue insigne precursor.

“En Lima… En Lima está lloviendo
el agua sucia de un dolor
qué mortífero! Está lloviendo
de la gotera de tu amor”.

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