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Publicado el 1 de julio del 2019
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Arequipa 2018, 10 de noviembre de 2018

Edición: Izara García (*)

Uno de los escritores más influyentes de la literatura latinoamericana, el chileno Alejandro Zambra, ha escrito desde novelas como Bonsái o Formas de volver a casa hasta libros de «género fluido» como Facsímil, además de las colecciones de ensayos No leer y Tema Libre, y los cuentos de Mis documentos, publicados en revistas tan prestigiosas como The New Yorker o The Paris Review.

En 2007 Zambra fue seleccionado en la lista Bogotá39 por el Hay Festival y Bogotá Capital Mundial del Libro como uno de los 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años más importantes. Tres años después la revista Granta lo aupó a uno de los 22 mejores autores menores de 35 años en lengua española.

Pero, ¿cómo funciona la literatura para él? Para explicar su punto de vista, Zambra opta por un relato de uno de los autores más estudiados del siglo XX: Un artista del hambre de Franz Kafka. “Es la historia de un ayunador cuyo secreto está en que no encuentra ningún alimento verdaderamente rico, así que no le resulta difícil no comer. La gente piensa que tiene una capacidad sobrehumana para prescindir del alimento y lo exhiben en una jaula, como a una bestia. Es un cuento que se puede leer e interpretar de mil maneras, pero el texto es completamente legible, tan fácil de entender que todos creen que lo entendieron y discuten”.

El chileno fue uno de los autores invitados al Hay Festival Arequipa 2018, donde conversó con el periodista Enrique Planas sobre lo que, como lector, busca en un libro: ser cautivado por la ambigua sensación de que algo te guste, aunque no lo termines de entender por completo.

En su opinión, la literatura se asemeja a la música, ya que si lees algo que te gusta vuelves a esa lectura, ya sea poesía o prosa. “La primera novela que me gustó mucho fue El coronel no tiene quien le escriba. Supe que me había gustado porque la empecé a leer de nuevo de inmediato. A un compañero del colegio le pareció estúpido, pero yo sabía que quería pasar por todas esas páginas de nuevo para llegar a ese impresionante final”.

Sobre los libros que no ha leído ni piensa leer

Zambra trabajó durante tres años como crítico literario, tiempo en el que tuvo que leer mucho, sobre todo “libros que no me interesaban nada”.  Parte de esa experiencia se refleja en su ensayo No leer, en el que remarca que en el mundo literario todo el mundo opina sobre libros que no ha leído; como fue el caso de Jorge Edwards, quien reconoció que no había alcanzado a terminar Epifanía de una sombra de Mauricio Wacquez y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño cuando presentó ambas novelas.

“Cuando dejé el trabajo me entregué al placer, pero también a la dificultad, de hablar de lo que realmente me interesaba. También es impopular; lo popular es hablar mal, despotricar contra una novela, aunque ni siquiera la hayas leído. Hablar bien, en cambio, suena sospechoso. Este libro recopila textos en los que hablo de libros que me interesan mucho y no hablo de otros que quise no leer y lo conseguí”, reflexiona Zambra.

Hay libros que no se leen, y algunos que no se terminan de escribir. Es el caso de Cementerios personales, en el que reflexionaba sobre las bibliotecas que tenemos y siempre encontramos la manera de justificarlas. Una suerte de pulsión coleccionista. “El libro se me ocurrió cuando vivía solo, en una casa llena de libros, y comencé a sentirme como en un cementerio, con todos los libros que jamás volvería a leer. Cuando me mudé a México lo doné casi todo. Es irracional acumular… En fin (risas)”.

Sobre Ribeyro

Su relación con Julio Ramón Ribeyro fue tardía. El chileno llegó a él con La tentación del fracaso, su libro de diarios. “Es un libro espléndido que tiene todo el sabor de los diarios franceses”. Zambra asegura que fue una lectura importante para entender algunas cosas sobre la literatura latinoamericana: “Fue delicioso descubrirlo y ver que todavía quedaba muchísimo por leer”.

Y de su lectura del genial cuentista peruano reivindica lo riberyano. “En una parte del diario habla de los cafés de París y esta costumbre de sentarse en las terrazas y mirar a la gente. El amor a la multitud. El amor de Baudelaire y del París que adoraba Walter Benjamin. En eso pienso, en el amor a la multitud. En el deseo de mirar y de mirarse. Fernando Pessoa decía: “combatir es renunciar a combatirse”. O sea que primero hay que combatirse, mirarse muy implacablemente, entender quiénes son todos estos personajes que están dentro de uno peleándose el micrófono. Eso es bien ribeyriano”.

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Izara García Rodríguez (España) (*)

Es la coordinadora para América Latina del Hay Festival: Hay Festival Cartagena de Indias en Colombia, Hay Festival Querétaro en México y Hay Festival Arequipa en Perú. Es Licenciada en Historia y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid (España) y tiene una Maestría en Teoría del Arte Contemporáneo por la Universidad de Goldsmiths (Reino Unido).

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