Fundación BBVA Perú
Publicado el 30 de septiembre del 2019
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Partió para siempre el bien amado Príncipe de la Canción, que en el mundo de los mortales fue José Rómulo Sosa Ortiz, pero que en el corazón de millones de amantes y suspirantes fue mundialmente conocido como José José.

El pasado 28 de setiembre la noticia congelaba por lo repentina, aunque no tomaba por sorpresa a nadie. Víctima de las complicaciones del cáncer de páncreas, José José fallecía a la edad de 71 años en la ciudad de Homestead, al sur de Florida, Estados Unidos. 

Ya en marzo de 2017, el propio artista había dado alerta de su estado en un video difundido redes sociales. A fines del año pasado se creía en una franca recuperación, pero los reveses de la enfermedad terminaron imponiéndose.

Y aunque la salud del astro de la música romántica era delicada, su partida ha causado hondo pesar y ha desatado un revival de su música, vigente en casi medio siglo de trayectoria.

Dos veces José

José por su padre y también por él mismo, inició su carrera a fines de los 60, cuando, con la producción de Armando Manzanero y Rubén Fuentes, apareció en 1969 su primer álbum. Mezcla de jazz, bolero y bossa nova, al que su disquera, RCA, no le prestó demasiada atención.

Su consagración en México se produce con el tema que da título a su segundo disco, “La nave del olvido”, que lo presenta como un cantante prodigioso. Con la técnica que emplea pareciera que no tomase aire y canta de corrido.

Su triunfo continental se produce en el II Festival de la Música Latina (antecesor de los Festivales OTI) realizado en México en 1970. Su interpretación de “El triste” en el teatro Ferrocarrilero desata una interminable ovación, que aún vista hoy en Youtube resulta conmovedora.

 

“El triste”, una balada compuesta por Roberto Cantoral (el papá de Itatí), sirvió para catapultar el curioso éxito del cantante. José José, por increíble que parezca no ganó aquel festival. En realidad quedó tercero, por detrás de la venezolana Mirla Castellanos y la brasilera Cláudya.

Las luces y las sombras

Desde entonces su carrera estuvo plagada de reconocimientos. Más de 250 millones de álbumes vendidos, decenas de discos de oro y platino, nueve nominaciones a los premios Grammy (los de verdad), ídolo en naciones remotas como Arabia Saudita, Japón, Israel, Egipto y Rusia.

Incursionó en el cine -el paso obligado del star system mexicano- con títulos como “Buscando una sonrisa” (1971), “Sueño de amor”, “La carrera del millón” (1973), “Gavilán o paloma” (1985). De este último se dijo que estaba inspirado en los claroscuros de la carrera del cantante. En años posteriores apareció en “Sabor a mí” (1988) y “Perdóname todo” (1995).

En 1976 graba su último disco con el sello RCA, “El príncipe”, una balada romántica que daría pie a uno de los sobrenombres con el que se le conocería el resto de su carrera.

Príncipe de altura

Durante una de sus visitas al Perú, a fines de los años 80, el periodista Juan Silva Vidaurre cuenta que José bromeaba al respecto: “Dicen que en un acto de soberbia me he puesto ‘El Príncipe’. Eso es mentira. Me hubiese puesto ‘El Rey’”.

Y no le faltaba razón. José ha partido a la eternidad convertido en un monarca, en uno de los emperadores de la música romántica y cuyo trono queda libre para siempre.

 

© Imagen: Wikimedia Commons

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